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Una historia de sacrificio y entrega total.

Sacrifícate tú. No sacrifiques a los demás (Card. Van Thuan).

«Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Ese extremo grado del amor es la Cruz. Para que tu amor llegue hasta el extremo, tu sacrificio ha de ser total, perfecto, como el de la víctima inmolada (Card. Van Thuan).

En las grandes peregrinaciones, en las que se reúnen miles de personas, todos quieren estar los primeros para llevar la cruz. Pero ¿por qué hay tan pocos voluntarios en la peregrinación de la vida de cada día? El heroísmo silencioso es mucho más ingrato (C. E. 171).

San Maximiliano Kolbe, polaco, era un misionero franciscano especializado en la evangelización a través de la imprenta y la prensa. Había trabajado en el Japón, pero tuvo que volver a su país por motivos de salud. El objeto de su celo era la devoción a la Virgen. Lo llamaban “el loco de María».

Cuando los ejércitos fascistas invadieron Polonia, fue arrestado y enviado a un campo de concentración. Querían acabar con su influjo.

Un día, para castigar a los prisioneros por una evasión, el jefe del campo ordenó, como tenían por costumbre, elegir a diez hombres para ser fusilados. Todos los prisioneros estaban alineados en fila delante del pabellón. El carcelero designó al azar a los que debían morir. Uno de ellos, al oír su nombre, lanzó un grito de terror: «¡Ay de mí! ¡Tengo mujer e hijos!» Y se echó a llorar desesperadamente.

El P. Maximiliano Kolbe salió de la fila y se ofreció para morir en su lugar. Su propuesta fue aceptada. Y con los otros nueve fue conducido a una sala donde los hicieron morir de hambre.

Allí, torturados por los sufrimientos del hambre y de la sed, los condenados a muerte juraban y lloraban. El P. Maximiliano Kolbe, sostenido por la oración, aún tenía fuerzas suficientes para consolar a sus compañeros y ayudarles a pasar los últimos momentos. A los doce días, abrieron las puertas de la sala para llevar a los muertos al horno crematorio. Sólo el P. Maximiliano Kolbe seguía respirando. Una inyección lo ayudó a morir.

En 1972, el papa Pablo VI lo beatificó después de una seria investigación sobre la heroicidad de sus virtudes. En la misa de la beatificación, varios polacos estaban encargados de llevar las ofrendas; el anciano que llevaba el cáliz era el prisionero al que había salvado la vida el nuevo beato.

El papa Juan Pablo II lo canonizó en Roma el 10 de octubre de 1982 y lo propuso a la admiración de todo el mundo por el extraordinario heroísmo de su caridad.

Cardenal Van Thuan

Siervo del Señor, Francisco Xavier Nguyen Van Thuan fue arzobispo coadjuntor de Saigón, fue arrestado por el régimen comunsta y pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en aislamiento. En prisión escribió Mil y pasos en el camino de la esperanza. En 1991 fue liberado, Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz. Fundó Mater Unitatis. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en Roma. Actualmente, se sigue un proceso para su canonización
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