Papa Francisco preside Misa a la Virgen de Guadalupe

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De nueva cuenta el Papa Francisco ofrece una misa especial en el Vaticano con motivo de la celebración a la Virgen de Guadalupe, patrona de América Latina.

Esta es la sexta ocasión en que se celebra una misa especial a la Virgen de Guadalupe en el Vaticano en su día, desde que lo hiciera por vez primera el Papa Benedicto XVI en el 2012.

No es para menos, puesto que se acerca la celebración de lo 500 años de las apariciones de la Santísima Patrona de México y América Latina. Además, en repetidas ocasiones, el Papa Francisco ha declarado su amor por la Virgencita Morena, recordándola incluso en las redes sociales antes de presidir la importante ceremonia:

Así pues miles de fieles procedentes del continente americano se han reunido en la Basílica de San Pedro del Vaticano para escuchar las palabras del Pontífice a la Virgen y a su amado pueblo.

Haciendo un llamado a “defender a nuestros pueblos de una colonización ideológica que cancela lo más rico de ellos”, el Papa pidió mirar a “la riqueza y la diversidad cultural de nuestros pueblos de América Latina y el Caribe, ella es signo de la gran riqueza que somos invitados no sólo a cultivar sino, especialmente en nuestro tiempo, a defender valientemente de todo intento homogeneizador”.

El Papa advirtió que ese intento de homogeneizar “termina imponiendo, bajo slogans atrayentes, una única manera de pensar, de ser, de sentir, de vivir, que termina haciendo inválido o estéril todo lo heredado de nuestros mayores; que termina haciendo sentir, especialmente a nuestros jóvenes, poca cosa por pertenecer a tal o cual cultura”.

Recordando la historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, indicó "que el sueño de Dios no es ni será la esterilidad, ni estigmatizar o llenar de vergüenza a sus hijos, sino hacer brotar en ellos y de ellos un canto de bendición (...) lo cual podemos apreciar en San Juan Diego, quien lleva en su tilma la imagen de la Virgen: la Virgen de piel morena y rostro mestizo, sostenida por un ángel con alas de quetzal, pelícano y guacamayo; la madre capaz de tomar los rasgos de sus hijos para hacerlos sentir parte de su bendición”.

De esta manera, “pareciera que una y otra vez Dios se empecina en mostrarnos que la piedra que desecharon los constructores se vuelve la piedra angular”.

Afirmó asimismo que “la Madre de Dios es figura de la Iglesia y de ella queremos aprender a ser Iglesia con rostro mestizo, con rostro indígena, afroamericano, rostro campesino, rostro cola, ala, cacaxtle. Rostro pobre, de desempleado, de niño y niña, anciano y joven para que nadie se sienta estéril ni infecundo, para que nadie se sienta avergonzado o poca cosa”.