La familia como un factor de prevención de la violencia.

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"La paz y la guerra empiezan en el hogar. Si de verdad queremos que haya paz en el mundo, empecemos por amarnos unos a otros en el seno de nuestras propias familias". Madre Teresa de Calcuta.

Si bien, el desarrollo psicológico de la persona es una proceso permanente, es evidente que la familia juega un papel fundamental en el desarrollo psicológico y social de todo individuo, sobre todo durante la transición de la infancia hacia la adultez. Podemos considerar a la familia como el primer ambiente social, en la cual la persona aprende los valores morales y nociones para vivir la vida en sociedad. Siendo así que en la mayoría de los países, la familia ha sido considerada como la organización más importante de la sociedad, por tal motivo es fundamental buscar su constante protección y sano desarrollo.

Cuando los hijos son criados en familia, pueden comprender que no están solos, ya que desarrollan un sentido de pertenencia y seguridad, el sentimiento de ser valorados. Además, las buenas relaciones familiares nos hacen más fuertes, felices, fomenta nuestra autoestima y una mejor capacidad para afrontar los retos de la vida; de esta manera se crean mayores niveles de resiliencia, es decir, se obtiene una mayor capacidad para recuperarse de sucesos traumáticos o dolorosos (Arciniega, 2005).

En este sentido, cuando los modelos de crianza no son los adecuados, pueden llegar a repercutir en el desarrollo de los niños y generando mayores problemas durante la adolescencia, siendo este el momento en el que se comienza a generar mayor dependencia, la toma de decisiones, y la reafirmación de los valores que aprendieron en casa. Algunos estudios identifican que por lo general la incidencia delictiva inicia a los 16 años, durante la adolescencia (Herrera y morales, 2005).

Los adolescentes que incurren en conductas delictivas, tiene una mayor prevalencia de padres separados y presentan historial de maltrato en sus hogares; el presenciar violencia durante la infancia es un buen predictor de violencia durante la adultez (Machecha y Martínez, 2005). Además, el arresto de algún familiar es un buen predictor de una mayor probabilidad de arresto en la siguiente generación (Herrera y Morales, 2005).

Desafortunadamente durante los últimos años, a pesar de los esfuerzos por mantener los valores familiares, pareciera que cada vez se pierde más el interés por preservar y proteger a la familia, pasando de pro-familia a anti-familia. Como prueba de ello podemos mencionar: el aumento de familias monoparentales las cuales pasaron del 16.8% en el año 2010 al 21% para 2015 (INEGI, 2017), la taza de divorcios aumento 136.4% entre los años 2000 y 2015, mientras que el monto de matrimonios se redujo en 21.4 por ciento (INEGI 2017), la tasa de suicidios aumento de 3.5 a 5.2 por cada 100 mil habitantes (INEGI 2016), la violencia domestica es uno de los principales problemas de salud en las mujeres (Aznar, 2004; ENDIREH, 2016). Evidentemente, estos cambios han repercutido en el aumento de la violencia, al existir un mayor desapego hacia los valores familiares.

Debido al impacto que tiene la familia sobre el desarrollo de sus integrantes, resulta vital que cada persona reconozca la importancia de preservar y cuidar de la familia. Una estrategia útil es crear una visión clara de lo que queremos como familia, esto contribuye a que cualquiera que sea la situación que estemos viviendo en el núcleo de nuestra familia, pueda cambiar y mejorar. Al contar con una guía clara podremos fijar metas reales, apoyar a que los integrantes de la familia definan que es lo que realmente esperan de la vida y puedan alcanzar sus propósitos, apoyándose los unos a los otros al caminar juntos hacia una misma dirección.

Algunos hábitos que podemos fomentar en nuestra familia para comenzar a crear nuestra visión familiar son:

  • Ofrecer diariamente muestras de cariño y afecto: el hablar diariamente con nuestro hijos, conyugue, padres, hermanos etc. Sobre que tan importantes son para nosotros, y ofrecerles diariamente muestras de cariño y afecto. Aceptarlos por lo que son, comprenderlos antes que juzgarlos, y participar con ellos antes de manipularlos. Utilice palabras como: gracias, por favor, discúlpame, tú primero y ¿puedo ayudarte?. Recuerde que hacer muchas cosas pequeñas es hacer algo grande.
  • Buscar momentos para compartir en familia: busquen momentos para compartir como familia al menos una vez por semana, es importante que respeten estos espacios salvo que ocurran emergencias o sucesos inesperados. Este tiempo debe ser utilizado para divertirse, escucharse y fomentar los valores que deben regir su familia.
  • Buscar un tiempo para compartir con cada uno de los integrantes de la familia: Esto fomentara que logre una mejor comprensión de los intereses de cada uno de los miembros de su familia, mejorar la comunicación y conocer cuales son sus prioridades individuales.
  • Crear una visión familiar: la visión familiar no puede ser construida únicamente por los padres o jefes de hogar, es necesario que todos los integrantes de la familia estén de acuerdo, que se involucren y juntos determinen el tipo de familia que quieren ser, y definan los valores por los cuales se van a regir, de esta manera los integrantes de la familia tendrán un rumbo fijo hacia donde se quieren dirigir, y cuando se desvíen del camino tendrán un marco de referencia que les ayude a retomar el camino.
  • Busque fomentar responsabilidades en los niños como parte de los valores familiares: De esta manera, los más pequeños aprenderán que tienen un papel en la familia, que su opinión cuenta, y les ayudara a que se sientan más conectados emocionalmente. Recuerde fomentar la enseñanza en valores desde el ejemplo como padres.
  • Creen metas en común: Como familia pueden plantearse metas en las que se incluyan a todos los integrantes de la familia, metas como: actividades para realizar durante el fin de semana o durante las vacaciones, un viaje, remodelaciones en el hogar, un negocio familiar, el aseo del hogar, etc.

 

Estas recomendaciones no son trucos de magia o actividades únicas, sino que por el contrario, son hábitos que al incorporarse a nuestro que hacer diario, con el tiempo comenzaran a rendir frutos y podremos ver como siempre se puede mejorar nuestra relación familiar. La familia es sin duda, el proyecto más importante en el cual podemos participar, cuando criamos hijos felices, de alguna manera también estamos contribuyendo en la felicidad de nuestros nietos y futuras generaciones. Respetar, cuidar y amar a nuestra familia debe ser nuestro deber como seres humanos, pues en ella radica el mayor tesoro de nuestras vidas.


Bibliografía:

Arias, W. L. (2003). Crisis del adolescente o malos hábitos. Entre claustros, 1, 23-25.

Encuesta nacional sobre la dinámica de las relaciones en los hogares (ENDIREH) 2016. Instituto nacional de estadística y geografía. [En línea] (Consultado el 10 de septiembre del año 2017).

Herrera, D. y Morales, H. (2005). Comportamiento antisocial durante la adolescencia: Teoría, investigación y programas de prevención. Revista de Psicología de la PUCP, 23(2), 201-247.
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Importancia de la familia, [En línea] (Consultado el 11 de septiembre de 2017).

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Instituto nacional de estadística y geografía (INEGI) 2017, Estadísticas a propósito del.. día mundial para la prevención del suicidio (10 de septiembre) Datos nacionales. [En Línea] (Consultado el 9 de septiembre del año 2017) (2016).

Enseñar a los niños la importancia de la familia, [En Línea] (Consultado el 9 de septiembre del 2017). 

Machecha, J. C. y Martínez, N. C. (2005). Conductas parentales y perfil sociofamiliar en estratos socioeconómicos bajos de Psicológica, 12 (2), 175-195.

Matud Aznar, M P; (2004). Impacto de la violencia doméstica en la salud de la mujer maltratada. Psicothema, 16 397-401. [En Línea] (Consultado el 10 de septiembre del año 2017).

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Stephen R. Covey (2006), Los hábitos de las familias altamente efectivas. 1ª ed. Litográfia Ingramex, S.A. de C.V. Pp. 26- 32.

Uriarte Arciniega, Juan de D.; (2005). La resiliencia. Una nueva perspectiva en psicopatología del desarrollo. Revista de Psicodidáctica, Sin mes, 61-79. [En Línea] (Contultado el 6 de septiembre del año 2017).

 

 

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